Un día fueron los Plebiscitos, pero a mí no me importó, porque yo había ganado los plebiscitos.Otro día, acusaron y condenaron sin pruebas a unos militares, pero a muchos no le importó; porque no son militares, ni tienen familiares ni amigos militares.
Otro día fue anular una Ley, contradiciendo el mandato de la esencial no retroactividad de los actos jurídicos; pero a muchos no le importó porque no son abogados.
Otro día nos quisieron imponer mandatos por encima de la Constitución, dictados por acomodados amigos de los lamentables gobiernos de la Región; pero no nos importó porque los fallos sólo afectan a cada caso.
Otro día organizaron una asonada en la Suprema Corte de Justicia porque no les gustó que dijera que su Ley inconstitucional es inconstitucional. Y a mí me pareció mal que se hollara el sagrado del único Poder del Estado para integrar el cual hay que probar capacidad y honestidad.

Pero no hice nada.
Otro día mandaron a un par de tupas ministrados a apretar a los Miembros de la Suprema Corte, y a mí me pareció espantoso que dos incompetentes con Posgrado de incompetentes le quisieran tirar de las orejas a los jerarcas del único Poder del Estado más o menos independiente.
Pero tampoco hice nada.
Hace poco, cuatro mandaderos de uno de aquellos mandaderos, recusaron por primera vez en la Historia a cuatro Miembros de la Suprema Corte por no gustarle sus opiniones acerca de los casos de inconstitucionalidad de las leyes inconstitucionales que una y otra vez aprueba el Parlamento gracias a la mayoría estúpida.
Y a mí me pareció tan absurdo que no hice nada.
Ayer destrozaron los vidrios de la Suprema Corte de Justicia disfrazados de hinchas de fútbol.
Y a mí...
... se me acabó la paciencia.
No voy a esperar a que vengan por mí, tras haber derrumbado el único muro que nos separa de una Dictadura como las de Argentina, Venezuela, Ecuador, Bolivia o Cuba.
Ya perdimos al Presidente de la Suprema Corte, Dr. Ruibal Pino, que no aguantó la tacada y se excusó caballerosamente, en uso de un bizantino sentido del honor absolutamente ajeno e inadecuado para la parada que nos estamos jugando.
Por eso, a partir del lunes próximo, todos los lunes a las 18 horas, llueva o haga frío, me voy a parar una hora en la puerta de la Suprema Corte con un cartelito que dirá "1".
Nada más.
Uno.
Uno que sabe que su voto vale 1 (como el de cualquiera) pero siempre; no sólo cuando al que manda le gusta lo que voto.
Uno que sabe que, según la Constitución, vale 1 (igual que todos los demás) ante la Ley y que, con todas las dificultades del caso, el Poder Judicial es el único que, más o menos, como puede, aún respeta ese mandato.
Uno que tiene los huevos por el piso y miedo. Bastante miedo.
Y que, como tiene miedo de volver a vivir con miedo, pone los huevos.
A partir del lunes, al menos, va a haber UNO diciéndole a nuestros Jueces en la puerta del laburo:
MUCHAS GRACIAS POR CUIDAR DE MIS DERECHOS.
YO LOS APOYO
Y LOS NECESITO LIBRES E INDEPENDIENTES
Ya sabés.

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