Hace algún tiempo vengo tropezando con la misma piedra, una (bastante
común en estos tiempos) con forma de
idiota que se niega a debatir argumentando que uso un seudónimo.
No da para mucho la cosa pero, harto ya de estar harto, quise reunir los
argumentos para tenerlos a mano; ya que, como dice el Eclesiastés, no se puede
enderezar lo torcido ni contar lo falto; y los idiotas no se terminan nunca. Avizoro
el próximo a la vuelta de la internética esquina y junto piedras en un zaguán.
El primer abordaje es aquel que señala que, en este mundo internético
sin Estado ca(da)strante, nadie puede dar fe de su verdadero nombre; lo cual es
un detalle nada menor.
En segundo término, para cualquiera (con medio dedo de
frente) es obvia la discapacidad raciocinante que delata afirmar que “quién”
dice algo es más importante que “qué” dice.
Por último, pero no menor: lejos de mí la remota comparación
pero, si fuera como los imbéciles sostienen, Krishnamurti, Dalai Lama, Fulcanelli,
George Orwell, Carter Dickson, Mark Twain, Woody Allen, Truman Capote, ,Eduardo Galeano, Juana de Ibarbouru,
Gabriela Mistral, Ruben Darío, Pablo Neruda, Francoise Sagan, Fray Luis de Granada, Anatole
France, Azorín, Colette, George Sand, Sansón Carrasco, Peloduro, Mónica,
Jius, Viterbo, El dios verde, Tinta Brava, Picasso, El Greco, Leonardo y Ghirlandaio, Sting, Prince,Freddy
Mercury, Donna Summer, Lady Gaga y Pink,
Dianne Keaton, Nicholas Cage, Martin y Charlie Sheen, serían unos impostores, e incapaces de
arte alguno.

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