domingo, 22 de septiembre de 2013

Alrededor del Día del Maestro

A ti, uno de mis Maestros en este hermoso, difícil y eterno aprendizaje de vivir, en tu día, el deseo de que toda la dicha que existe en el Mundo te sea accesible, si la buscas.


Y mi agradecimiento.




Montevideo, 22 de setiembre, Día del MAESTRO


Desde hace más de una década hago público este mensaje. Hoy, sin embargo, no me resulta suficiente. Hay demasiada confusión, tal vez también me afecta y, por eso, me siento a escribir a ver qué pienso y siento, por qué no (me) alcanza con reconocer a los que sí lo son. 

El problema es sencillo: son demasiados los que otorgan el título a cualquiera; y demasiados los que –sin serlo- esperan reconocimiento porque alguien les dio un papel que dice que pueden cobrar por enseñar. Hemos banalizado tantas cosas (la vida, la muerte, el sexo, el amor y tantos etc. que tengo miedo de aburrir)  que hoy a cualquier boludo medio ingenioso nomás le endilgan un “Genio” o su bestial feminización, como si necesaria y posible fuera. Para centrarnos en el tema: hemos banalizado  la Educación, confundiéndola brutalmente con Enseñanza; como si fuera conceptos intercambiables. 

Ponerme  a escribir de esto un domingo 22 de setiembre me dice que estoy enojado. Y es así: estoy enojado. Me dirás, no completamente sin razón: 

- “Pelado: no la compliques, deciles feliz Día, acordate de tus Maestras de Escuela, no te ganes el enojo de las maestras, que andan bravas… “.

Sí: andan bravas las maestras y los pocos maestros que hay. Pues me importa tres pitos: yo hablo de Maestros, no de enseñadores por plata y con diploma. 

No tengo inconveniente alguno (y es lo que hice antes) en honrar es a los Educadores que ejercen en Primaria, a los que hacen de su profesión su vida, los que convierten cada día la Docencia en profesión de Partero; como le enseñó la Pitonisa a Sócrates.

A los otros, a los que pudieron dejar los comedores cerrados porque a ellos no le alcanza haber mejorado su sueldo un 65% en el período, los que eligieron deseducar enseñando que la palabra empeñada no vale nada, a los que se escudaron en el impresentable “Un maestro en Huelga no deja de educar: está enseñando a no sé qué…”, a esos, no los saludo nada; mucho menos los voy a homenajear. 

Hoy no es su Día: fue el viernes; cuando -gracias a la inmoral labilidad de las Autoridades- disfrutaron de un nuevo asueto pago, mientras los gurises se volvieron a joder, perdiendo otro día de clases.


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