Antes que, vuelto al pago, empiece a hablar de nuevo (y las repercusiones del primer eructo en léxico tumbero se lleve los ecos del mentado discurso en Naciones Unidas), quiero escribir un poco sobre el Presidente (bah, sobre la imagen que nos muestra. Quién es, sólo él lo sabe, y no estoy del todo seguro).
Al salir de la cárcel empezó siendo el que (por entonces) era; que ya no era el de los 60 y 70. Luego fue torciendo el rumbo, acomodando el cuerpo, la actitud, el discurso, y empezaron las contradicciones. Tengo fresca en la memoria una nota que le dio a Búsqueda allá por los 80 largos, en la que dijo (para quien quisiera escuchar) que no tiene problema en decir o hacer lo que sea para conseguir lo que quiere. Tío Nicolo Macchiavello, sonrió en su tumba. A mí se me arrugó el estómago: no tengo ningún libro publicado aconsejando poderosos, y conozco su pedigrée sedicioso y político.
Al salir de la cárcel empezó siendo el que (por entonces) era; que ya no era el de los 60 y 70. Luego fue torciendo el rumbo, acomodando el cuerpo, la actitud, el discurso, y empezaron las contradicciones. Tengo fresca en la memoria una nota que le dio a Búsqueda allá por los 80 largos, en la que dijo (para quien quisiera escuchar) que no tiene problema en decir o hacer lo que sea para conseguir lo que quiere. Tío Nicolo Macchiavello, sonrió en su tumba. A mí se me arrugó el estómago: no tengo ningún libro publicado aconsejando poderosos, y conozco su pedigrée sedicioso y político.

Hoy es un borrachito triste, que se castiga a sí mismo en público con una frase ingeniosa con la que simula haber cambiado, aceptado la realidad: "Yo quería cambiar el mundo y ahora me quedo contento con arreglar la vereda". Mentira.


No hay comentarios:
Publicar un comentario