Hace ya años escuché por vez primera una historia de un hombre cuya mayor riqueza eran sus hijos y un hermoso caballo; quien -al ir la vida jugando su papel- cuando los demás le felicitaban (¡Qué bueno...!) o compadecían (¡Qué malo!!!) por los hechos, solía replicar ¿Bueno? ¿Malo? Quién sabe...
Oír es una cosa, escuchar otra muy distinta, comprender, entender, aprender más distintas aún; y mucho más aprehender para uno lo oído, escuchado y aprendido.
Pedro, mi primer nieto, nació a fines de junio del año pasado. :) :) :)
En mayo había conseguido trabajo tras buscarlo dos años enteros. :)
Pero, como ahora tenía de nuevo trabajo en el mismo horario que Anuki, me perdí de cuidarlo, como habíamos acordado :(
En agosto me echaron como a un perro, traicionando sus promesas y mi entrega. :(
El martes, las Bisa Mama se fisuró una costilla :(
Hoy anda Pedro descubriendo el inexplorado continente del fondo de casa y, cada vez que lo agarro en una, suelta su risa de campanario y vuelan como palomas los brillos de sus cuatro azahares, sus cuatro diminutas ferocidades (permiso, Don Miguel, hermano).
Y ese brillo se me viene a los ojos y vuelve en estrellitas que me nublan la vista; mientras se me desnubla el coco y ahora sí, sé.
¿Malo? ¿Bueno?
¿Quién sabe?

