miércoles, 29 de enero de 2014

Síndrome PPE (Peligrosa Proximidad Escroto-terráquea)

Ayer cerré el día señalando la súbita completud de mi capacidad escrotal atento a la catarata de estupideces (Tabaré Vázquez dixit) vinculadas al procesamiento judicial de los belicosos del Estadio.

La noche alivió la canícula y tan delicado aspecto de mi humanidad pero, tras nomás despertar y encender la cantora, escuchando el Informativo vi súbitamente desbordado el tanque.

Cito en cualquier orden:

1) El Juez Onanián (si no tuviera el apellido que tengo empezaría a creer que si uno se apellida Paredes debe ser un tipo duro) que -diciendo tener el más alto concepto de la Juez que así procedió- la emprendió contra el hecho partiendo del principio de Fragmentariedad; señalando que la Justicia Penal sólo debe intervenir en última instancia, pues el tiempo que le damos a estas tonterías se lo quitamos a los rapiñeros. Parece olvidar que el Club Adjetivo no tomó ni ha de tomar medidas contra los jugadores, que ningún Juez de otro ámbito actuó de Oficio y, por ende, la denuncia partió del Poder Ejecutivo que la radicó donde la radicó; y que una pena diferente a la penal (yo sigo pensando que la Juez fue demasiado benevolente si lo que quería era no ya ejemplarizar sino cumplir el mandato legal a secas) hubiera sido la misma tontería que la del Japo Rodríguez y todos los conductores ebrios, que se burlan de todos nosotros gracias a la proverbial generosidad de los Legisladores.

Otro sí: hacer lo que pide Onanián es el chas chas en la cola de Gonçálvez, lo que ordenó la Juez es –apenas- un poco más; sobre todo si les da permiso para viajar a jugar en el Exterior.

2) El Presidente Mapache, beneficiado por la omisión del Fiscal de citarlo –junto al Dr. Jorge Da Silveira- como instigador, osa discrepar con el fallo y lo acusa de no distinguir agredidos de agresores. El hecho de ser Economista no alivia la estupidez de su afirmación, ya que el delito por el que se procesó es Riña, el cual nace, precisamente, de la imposibilidad de determinar el origen preciso, y juzga por igual a todos los participantes, pues todos tuvieron opción de no participar, como sucedió con muchos otros jugadores.

3) El Director Nacional de Deporte, Sr. Irbobeta, afirmó –muy suelto de cuerpo- que lo que hay que hacer para terminar con estos problemas es prohibir la publicación de las imágenes. Ni más ni menos.

Según el Jegarca, “… la población no debe ver esas imágenes. Ver eso no es bueno para la gente. Eso después termina siendo alentado. Por ejemplo: la pornografía está prohibida, porque está mal, entonces ¿por qué no prohibir que se muestre esto? Una Sociedad debe buscar preservar sus valores y mostrar lo malo los afecta”.

Asno totalitario mío, funcionario supositorio sin más mérito para ocupar el cargo que tu filiación partidaria y la cuota que le tocó a tu grupete: el principal valor a custodiar es la Libertad, animal. El segundo, la Educación, que implica que la Sociedad colabora a hacer aflorar lo mejor de las personas; lo cual jamás ha de suceder mientras haya personas en los Gobiernos que crean que saben lo que deben ver los demás e impida que accedan a lo que a él le parece mal.

Eso, por lo de los valores. Lo de la pornografía es tan idiota que no se puede creer, porque –además- va exactamente contra lo que está proponiendo. No sólo la Pornografía sino la exhibición pública de imágenes de personas teniendo sexo está prohibida, pero –hasta donde sé, y tal vez el señor no ejerza el fornicio (lo cual, trabajando con quien trabaja a diario parece bastante razonable) pero los demás ciudadanos del Uruguay y el Mundo, seguimos disfrutando -con intensidad y frecuencia creciente- de tan disfrutable actividad. Qué imbécil, por favor!!!

4) El Dr. Turrán, Dirigente del Club Adjetivo y presuntamente Experto laboralista, dice que se está configurando una discriminación contra los jugadores de Fútbol, ya que a los demás ciudadanos que se aplica sanciones sustitutivas de la prisión no se les impide trabajar. Estar acostumbrados a que los abogados y los políticos digan cualquier cosa creyendo que –por decirlo- se vuelve cierto no quita que lo que afirma el hincha diplomado sea una barbaridad. El que puede lo más, puede lo menos, si el Juez puede privar de libertad (y con ello impedir trabajar) puede impedir trabajar, a modo de sustitución; máxime cuando es en ejercicio de ese trabajo que el delincuente cometió el delito. Además, es potestad del Poder Judicial actuar de forma ejemplarizante, siempre en el marco del Derecho, el cual fue hasta excesiva y benévolamente contemplado.

5) El Directivo de la Mutual de Futbollers Profesionales, Sr. Sarrabia, afirma que no se debe estigmatizar a los jugadores, porque lo que sucedió es normal, le pasó a él y pasa continuamente. No podía faltar el manido argumento de que “están con las pulsaciones a mil”, lo cual –evidentemente- no debe suceder a los jugadores europeos; como no sucedió a la mitad de los que estaban en el Estadio el lunes, ni a ninguno de los que participó del Clásico de la Copa Bandes hace una semana, ni a los que disputaron todos los partidos, Clásicos y Finales de todos los Campeonatos en todas las Ligas donde no hubo piñatas. Le faltó el piolín para recibirse de salame al pariente del belicoso Aparicio.

6) El Dirigente albo, Sr. Pozos, no tuvo empacho en declarar que –sin justificar nada- le parecía injusto lo que sucedía; ya que “la parcialidad exige a los jugadores que actúen de esa manera y no se puede crucificarlos cuando lo hacen”. No puedo honrar con una burla siquiera una burrada de semejante calibre. El problema es que el tipo DIRIGE el segundo Club más importante del país, y en su nombre declara.

7) El único dirigente aurinegro que escuché fue el Esc. Walker (pariente del famoso Juancito), quien me dio la única posibilidad de respirar. El tipo confirmó, primero, que Peñarol ha de sancionar a sus jugadores. Bien. Muy bien. Que le pareció correcto el accionar de la Justicia. Bien, también. Y reclamó que la celeridad y dureza con que se actuó se apliquen en general, a todos los ciudadanos que participan de actividades violentas y delictivas; no como sucede habitualmente.

Muchas gracias Escribano; me salvó del infarto escrotal con el leve alivio que me regaló.

No es Usted (ni la Mayoría que a veces integra y siempre beneficia) santo de mi devoción pero, como suelo repetir, nadie se equivoca siempre. Muchas gracias por decir lo que tantos sentimos y sufrimos.

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