martes, 15 de julio de 2014

Setentamil autos y ninguna flor o El discreto encanto de la autocrítica

13 de junio de 2014



Hace una punta de años, desistí de seguir participando en la “actividad política pública”, como dijo el Doctor Vázquez. Eso sí: yo lo hice. En silencio, por razones muy hondas, explicitadas años después en un cuentito llamado “I have a dream”. 
Un par de elecciones atrás decidí regresar. No a las canchas pero sí a la militancia electrónica en pro de una única causa ajena a todo partidarismo: que los valores en los que fui criado (que aún cultivo y -lamentablemente- están en vías de extinción) tuvieran un modesto soporte más; y aquellos que sólo han vivido lo suficiente para ver el triste espectáculo de nuestro Sistema político, supieran que semejante sainete no es lo único que hay para amenizar el escenario. Que se puede aspirar a más. Mucho más.

A-partidaria, dije, porque el que se quema con leche, cuando ve una vaca, llora. Si hay algo que tengo claro, entre las pocas certezas que tengo, es que el país necesita Partidos políticos sanos, modernos, profesionales (de profesionalidad, no de empleados por plata); dignos de ser considerados la instancia superior de relacionamiento de los ciudadanos (por las ideas que en ellos se reúnen, y no por plata, poder o interés personal, corporativo o de Clase); y no meros juntaderos de votos o aguantaderos de rapaces al acecho de cualquier tripita que caiga.
Partidos dije, y a todos me refiero. Sin embargo, hoy me he de detener en uno: el Frente Amplio.  Nacido al son de las peores circunstancias y las mejores intenciones (de algunos), dotado inicialmente de una mística y unos elencos intelectual y éticamente superlativos; ha devenido en una especie de Peronismo Oriental, absolutamente negador de la esencia primigenia.

Quien me conoce sabe de mi buena fe e inquietud interpretativa. Así, tratando no ya de comprender un poco lo que sucedió sino de ir oteando el horizonte cercano, pasada la elección Primaria decidí solicitar acceso a un par de muros en los que se expresan militantes frenteamplistas, algunos de larga data. Lo hice pensando encontrar allí gente reflexionando, analizando las causas de los notorios problemas que evidencia la Fuerza Política, tales como un proceso de brutal encogimiento de la base electoral en tiempo récord o la ya inocultable animosidad entre Sectores. En lugar de eso, me topé casi que únicamente con un ambiente a Barra Ámsterdam absolutamente impropio del espacio analizado. Pululan allí los ignorantes, los necios, agitadores propagandistas para convencidos, descalificadores de los adversarios con las más burdas formas que imaginarse pueda, intolerantes capaces de desenfundar la sospecha a la primera opinión discordante y el insulto a la segunda refutación. (Están los post para comprobar la delicadeza con que expresé mis comentarios, voluntaria y meticulosamente alejada de mi habitual crudeza; y algunas brutales confesiones de todo cuanto digo.

NOTA: Está claro (pero prefiero expresar) que tal conjunto de síntomas no es exclusivo del Frente, pero me preocupa por lo que señalé antes acerca de la calidad a esperar y la supuesta y auto concedida calidad de superiores morales, intelectuales, y Sumos Sacerdotes del Cambio.

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Se ve que hace demasiado tiempo que no frecuento el ambiente frenteamplista.; al que hallé profundamente alejado del análisis auto crítico. No hay nadie allí que quiera averiguar ningún por qué; nadie que sugiera siquiera un contacto con la crudelísima realidad.

Conseguir superar a los Partidos Fundacionales por menos de un punto, le llevó al Frente treinta y tres años; que incluyen doce de fortalecedora persecución dictatorial, dieciséis de brutal adoctrinamiento juvenil vía Primaria y Secundaria y la peor crisis económica de la Historia. Sin embargo, alcanzó con cinco años (un período de gobierno en las mejores condiciones económicas y con mayoría propia) para perder la mayoría real. Peor aún: sólo cuatro años después, las Encuestas lo muestran estancado un punto encima de la intención de voto que tenía en 1999; cuando el Dr. Batlle ganó el Ballotage y el Frente prácticamente no sumó adhesiones extra partidarias a su 42% de Octubre.

Eso es espantoso para cualquier Partido y observador parcial o imparcial; pero, al parecer, a nadie se le ocurre ponerse a pensar por qué les cuesta tanto seducir a la gente. Culpan a los Medios (que han sido inesperadamente aquiescentes) al Imperio o a Dios, pero siguen sin poder parir una modesta reflexión acera de por qué –a pesar de haberse convertido en lo que combatieron toda la vida (*)- son capaces de perder la totalidad de los votos prestados en dos mandatos durante los que la Economía no fue el problema.

Son tan solitarios como remarcables los casos como el de Hoenir Sarthou, que no hesita en dudar en público de la conveniencia de perseverar en este rumbo; o de Daniel Chasquetti, que se pregunta al aire qué méritos tiene Sendic para merecer el honrosísimo lugar que detenta nobleza obliga a señalar que o en estos muros que visito). Por lo demás, las recetas van desde el “Vamos bien” (dame más de lo mismo) de algunos, al insulto inelegante de parte de una oposición interna (tan retórica como funcional al sistema) dedicado sin piedad a los “dinosaurios” a los que, se sabe, se terminará votando.

Como si el cataclismo estadístico ni el Armagedón de la Interna estuvieran sucediendo, en los nuevos “Comités electrónicos” toda disidencia “no alineada” es acallada, censurada, presionada y promovida sin más su expulsión al grito de “andate, infiltrado, facho, traidor…” (dejo fuera la escatología, la discriminación homo o por materno ejercicio de la  profesión).

Yo sé: nadie me pidió que le explicara nada, ni lo intento: tan sólo reflexiono en voz alta, a ver si termino de (y terminan por) entender.

Por si te interesa: la síntesis primaria que hago es, para decirlo algo poéticamente: el Frente puede mostrar setenta (mil) no balcones sino cero kilómetros, pero ninguna flor; no al menos la de una autocrítica sana. En demostración de que parte de su dirigencia ha entendido de qué va gobernar, ha administrado la prosperidad con criterios “macro” absolutamente ortodoxos, aunque ha extremado el Gasto tironeado por compromisos que dejan muy poco margen a la sensatez. Y la nave va. Pero no va suavemente: sufre los sacudones provocados por recorrer el errático camino a que la conduce la lucha por el timón entre los que proclaman la pobreza como valor, los que no paran mientes en pretender se imponga sus criterios (por mucho que hayan fracasado estrepitosamente a lo largo de los últimos casi cien años) y los que quieren dejar a la gente vivir como les parece mejor, que es con cosas.

¿Y cuál es el problema? dirás, Compañer@, “… si igual estamos haciendo tanto por la gente y la cosa marcha”.

El problema es que -por falta de esa autocrítica y análisis tan tradicionales, postergados sine die por las urgencias de conseguir votos y repartir cargos- se sigue sin dirimir de una vez si será el Frente un Partido con vocación de Gobierno o una Iglesia con vocación pobrista. Y así va el Gobierno, como zapallo en carro, del Vazquiastorismo al Pepismo, y de vuelta a empezar; mientras los verdaderos problemas del país (Enseñanza, Educación, Estado, Infraestructura, Seguridad, Vivienda…) siguen igual (o sea que nosotros peor) que hace una década. Y la gente lo sabe. Y se da cuenta que, si la cosa es entre el original y la mala copia...

A mí, como me duele un Partido Colorado más conservador que nunca, me duele un Frente Amplio así; y por eso sigo gastando el tiempo en pensar y arriesgando porqués.

Porque este no es el Frente que fundó un montón de gente buena (y de la otra); ni el que el país necesita. Es hora de Partidos modernos y vitales sumando; no de alianzas imposibles que inviabilizan todo intento serio de progreso anclados por las lápidas de ideas más que muertas pero nunca bien enterradas. De un matrimonio a prepo y por conveniencia nacen más hijos muertos o con problemas que cosas buenas, y eso lo ve la gente; que, parece, pero no es boba.

El pensamiento mágico que impregna la mentalidad de gran parte de la comunidad frentista no es buena lupa para ver la realidad. Tal vez un buen comienzo sería empezar por darse cuenta que no se permiten siquiera reconocer “el discreto encanto de la burguesía”.

No voy a decir “nadie”,  pero son muy pocos los que quieren ser ricos al estilo Mujica.

Cambio el enfoque, a ver si me explico: somos un país futbolero. Hay decenas o cientos de miles de ilusos que sueñan con llegar al glamur (y al toco). Saben que “sólo unos pocos elegidos” llegarán, pero sueñan. Y le meten a la pata. Muchísimos consiguen jugar por el asado o la cerveza. Menos, en la Liga Universitaria, menos aún en la B, en Segunda, en Primera, mucho menos en los Grandes, muy poquitos en el Exterior, casi ninguno en Europa. Pero ahí siguen, todos, arriesgando las patas en los canteros, entregando sangre, sudor y hasta lágrimas en canchas infames ante públicos nulos o casi, levantándose heroicos los domingos temprano o yendo sin dormir, jugando sin cobrar, cultivando heroica y puntualmente el honorable hábito de la ilusión, del combate, del piropo a la vieja Gloria, por desdentada que esté.

Eso mismo le pasa a la gente con su vida. Muchos nacimos en un país en el que –con esfuerzo- se podía escalar mucho social y económicamente, y vivimos aún esa sensación; aunque esté  bastante abollada y despintada en muchos, por la acumulación de décadas de prédica sesentista. Cada quien se pone sus metas, por pequeñas y burguesas que las crean los ateos Iluminatti tricolores; disfrutando de la libertad de intentarlo y de las pequeñas conquistas arrancadas a la siempre dura realidad.

Yo los entiendo, un poco, a los Frentistas. Mire si se van a poner a pensar y discutir esto justo ahora que hay que ver si no perdemos todo por culpa de A, B o J (siempre de otro). Mire si le van a decir a su gente que no pueden ser diferentes a los “Rosados”. Mire si van, humildemente, a reconocer que no saben gobernar sin mayoría (y, parece, que con ella, no demasiado bien), que ya la perdieron, que el imbatible Tabaré puede marchar en Noviembre y que la Baja sale. Mucho mejor es el “Vamoarriba”, sacudir los trapos, alentar sin parar al grito de Aguante el tercer gobierno del Frente, muera el oligarca puto, su padre ladrón y el hijo del Dictador. Y, sobre todo, mire si me van a dar pelota. 

En eso, tienen razón. ¿Qué puede saber un pobre Pelado, facho y sin equipo, del Partido del Bien?

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(*) un  “Catch all”, pauperizado cualitativamente en su representación parlamentaria y gubernamental, en su discurso y en su accionar; capaz de apelar por segunda vez a un Candidato fácilmente asociable a un Pastor electrónico (no sólo por apariencia y modo retórico), basado mucho más en “presencia”, discurso omnicomprensivo, plagado de eslóganes, descalificaciones y frases huecas y simpáticas; acompañado ahora de otro con idénticas características, pero menos bagaje (aún).  

De poco sirve sostener la excusa de que lo que la gente vota es el Programa, cuando todo el mundo sabe que es un conjunto de buenas intenciones y vaguedades más incumplidas que respetadas, conocido por un puñadito apenas más grande que el que lo pergeñó e impuso en el Congreso; única instancia en el país en la que se consagra sin tapujos el voto calificado, Summa Cum Laude de la Aristocracia electoral.  

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