Antenoche, poco antes de las doce (mientras esperaba a que apareciera Dolina en el Espectador) deslicé el dial de mi Spica compatible Made in PRC y quiso Casualidad que fuera a dar a CX18, Sarandí Sport; que se especializa en los productos que trafica Casal.
Un grupo de personas hacía como que eran cómicos de Carnaval y, novedad de novedades, uno de ellos imitaba cantantes.
- A ver... una de Mercedes Sosa...
y el tipo cantaba "... grasiasalabíiiid quemiádado tánt...
- Ahora una de Rada...
y el ganso hacía como que quería parecerse al Negro.... cuandoyomemueranó quieroyantóni pena...
De pronto, alguien cercano empezó una discusión, y otro grita
- Estúpido!!!
y el cantor replica:
- "No, de Larrañaga no me sé ninguna".
Apagué la radio instantáneamente.
Pero... me aburría el discurso conocido de mi Conciencia diciéndome por enésima vez "¿Quiénmierdasecrénestostipos, siyoestoyenelTabladoysoydelGuapolellenoelculodechampión...
Clic, muevo el dial y en Cx 20, Radio Montecarlo, la radio de los Megaopositores al Frentismo (frentismo dixit), había ... Carnaval. Allí, tres personajes con voces bastante parecidas a los anteriores hablaban del Dragoncito Pedro, que todo el mundo en el bosque decía que la mamá Dragona se había "pasado" a todos los dragones y el tercero interrumpe:
- Sí, el Pedro ese es terrible hijo de p...
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Resumiendo: en cinco minutos de actuación, Larrañaga estúpido y Pedro hijo de puta.
No sólo apagué la radio: sentencié este Carnaval al destierro.
Todo el que me lee sabe qué tanto admiro el desempeño político de los dos vituperados; pero una cosa es una cosa no compartir o rechazar en un murito de morondanga que -el día que están todos- lo leen trescientos, y muy otra cosa es
insultar en forma soez en Medios a los que acceden centenares de miles de personas.
Lo mío no es un desplante partidario ni elitista. Además de que no tengo Partido, quien haya entrado en mi página o tenga buena memoria, sabe que salí en Carnaval.
En 1980, bloqueadas que estaban las vías normales de la expresión política, opté por pasar de la modestia del Teatro de Aficionados con Carlos Aguilera (para puchitos de gente en Cooperativas de Vivienda o la Feria del Libro y el Grabado) al popular Carnaval de entonces; al que asistían gentes de todos los partidos.
Con la debutante "Reina de La Teja", trabajamos mucho, dijimos poco, insinuamos mucho y dejamos a casi todo el mundo contento: cantábamos muy bien, dejamos claro el mensaje de qué queríamos (en el enrevesado lenguaje que se permitía por entonces) y los militares no tuvieron que censurarnos.
En 1985, ya con casi tres años de militancia política autorizada, volví al Tablado, pero como espectador. Tuve que ver a la Escuelita del Crimen con los caballos Sanguijuela y Tarugo; y escuchar cómo un personaje decía: ¿Usted es idiota o es pachequista? Nunca lo fui, pero les juro que apreté un puño, esperando que alguien saltara, para ir en su ayuda.
La gente de los Partidos fundacionales no suele ser así: nadie saltó, como tampoco saltó cuando la BCG hizo flamear la bandera de un movimiento guerrillero salvadoreño, ni cuando los Adams empezaron con 101 dálmatas y terminaron la misma escena con las Madres de Plaza de Mayo, un horrible muñeco representando a la muerte, tan horrible que mi hijo Juan, de algo más de dos añitos, empezó a llorar a gritos y, gracias a él, nos fuimos. Como se fue del Carnaval la mitad no frentista de los montevideanos.
Nunca más volví a un Tablado, salvo una vez, hace años, para complacer a Lili porque los hijos la invitaron y quería ir conmigo también; y no repetí el plato.
Hace más de veinticinco años escribí, para una Murga que nunca salió
Con la melodía de "La múcura"
La Bruta es la voz de aquellos
pobres que siempre callaban,
sencilla y humilde gente,
respetuosa y educada.
Pero que no banca más
que le pinten siempre la cara
los que del Pueblo no saben,
pero por él dicen que hablan.
El Carnaval no es "la lucha",
el Carnaval no es trinchera,
donde se fuma el que escucha
que le claven la bandera.
La guerra no es contra el Pueblo sentado sobre tablones.
¡Basta de mezclar Pepinos, Cuplés y revoluciones!!".
Nunca salío la murga. Cuando le dije a uno del ambiente (DAECPU) lo que íbamos a hacer (una murga batllista) tuvo la decencia de decirme: "Pelado: esta murga no te la compra nadie. Van a venir Los Diablos o Araca y le van a decir al dueño del tablado: - Si suben ellos, nosotros no. Olvidate".
Al tiempo, el Cachete Espert convenció, 38 en mano, al Flaco Esmoris de la conveniencia de no sacar más la BCG, por razones diferentes pero parecidas.
El Carnaval es eso, aunque no debería. Debería ser sólo sátira, crítica, humor, arte. Pero si la sátira y el humor son siempre en contra de los mismos (quien me diga que en un escenario se le da parejo al Frente y a la Oposición es sordo o mentiroso), cuando el arte se pone al servicio de un Partido y no del espectador; peor aún, cuando se practica el insulto (sin importar a quién va dirigido, pero maximizando la responsabilidad de las autoridades municipales que, en tanto de todos los ciudadanos DEBEN velar por el respeto a todos y el nivel de los espectáculos que patrocina) es hora de decir basta. Y en eso estoy.
Basta de patoterismo con pintura y brillantina, basta de murgas amigas del, funcionales al (y subvencionadas por el) Gobierno; y, lógicamente, enemigas de la mitad del Pueblo.
Quiero a Pepino dirigiendo la murga, no al Pepe. En el tablado, digo. A la otra no hay quien la dirija.
Un grupo de personas hacía como que eran cómicos de Carnaval y, novedad de novedades, uno de ellos imitaba cantantes.
- A ver... una de Mercedes Sosa...
y el tipo cantaba "... grasiasalabíiiid quemiádado tánt...
- Ahora una de Rada...
y el ganso hacía como que quería parecerse al Negro.... cuandoyomemueranó quieroyantóni pena...
De pronto, alguien cercano empezó una discusión, y otro grita
- Estúpido!!!
y el cantor replica:
- "No, de Larrañaga no me sé ninguna".
Apagué la radio instantáneamente.
Pero... me aburría el discurso conocido de mi Conciencia diciéndome por enésima vez "¿Quiénmierdasecrénestostipos, siyoestoyenelTabladoysoydelGuapolellenoelculodechampión...
Clic, muevo el dial y en Cx 20, Radio Montecarlo, la radio de los Megaopositores al Frentismo (frentismo dixit), había ... Carnaval. Allí, tres personajes con voces bastante parecidas a los anteriores hablaban del Dragoncito Pedro, que todo el mundo en el bosque decía que la mamá Dragona se había "pasado" a todos los dragones y el tercero interrumpe:
- Sí, el Pedro ese es terrible hijo de p...
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Resumiendo: en cinco minutos de actuación, Larrañaga estúpido y Pedro hijo de puta.
No sólo apagué la radio: sentencié este Carnaval al destierro.
Todo el que me lee sabe qué tanto admiro el desempeño político de los dos vituperados; pero una cosa es una cosa no compartir o rechazar en un murito de morondanga que -el día que están todos- lo leen trescientos, y muy otra cosa es
insultar en forma soez en Medios a los que acceden centenares de miles de personas.
Lo mío no es un desplante partidario ni elitista. Además de que no tengo Partido, quien haya entrado en mi página o tenga buena memoria, sabe que salí en Carnaval.
En 1980, bloqueadas que estaban las vías normales de la expresión política, opté por pasar de la modestia del Teatro de Aficionados con Carlos Aguilera (para puchitos de gente en Cooperativas de Vivienda o la Feria del Libro y el Grabado) al popular Carnaval de entonces; al que asistían gentes de todos los partidos.
Con la debutante "Reina de La Teja", trabajamos mucho, dijimos poco, insinuamos mucho y dejamos a casi todo el mundo contento: cantábamos muy bien, dejamos claro el mensaje de qué queríamos (en el enrevesado lenguaje que se permitía por entonces) y los militares no tuvieron que censurarnos.
En 1985, ya con casi tres años de militancia política autorizada, volví al Tablado, pero como espectador. Tuve que ver a la Escuelita del Crimen con los caballos Sanguijuela y Tarugo; y escuchar cómo un personaje decía: ¿Usted es idiota o es pachequista? Nunca lo fui, pero les juro que apreté un puño, esperando que alguien saltara, para ir en su ayuda.
La gente de los Partidos fundacionales no suele ser así: nadie saltó, como tampoco saltó cuando la BCG hizo flamear la bandera de un movimiento guerrillero salvadoreño, ni cuando los Adams empezaron con 101 dálmatas y terminaron la misma escena con las Madres de Plaza de Mayo, un horrible muñeco representando a la muerte, tan horrible que mi hijo Juan, de algo más de dos añitos, empezó a llorar a gritos y, gracias a él, nos fuimos. Como se fue del Carnaval la mitad no frentista de los montevideanos.
Nunca más volví a un Tablado, salvo una vez, hace años, para complacer a Lili porque los hijos la invitaron y quería ir conmigo también; y no repetí el plato.
Hace más de veinticinco años escribí, para una Murga que nunca salió
Con la melodía de "La múcura"
La Bruta es la voz de aquellos
pobres que siempre callaban,
sencilla y humilde gente,
respetuosa y educada.
Pero que no banca más
que le pinten siempre la cara
los que del Pueblo no saben,
pero por él dicen que hablan.
El Carnaval no es "la lucha",
el Carnaval no es trinchera,
donde se fuma el que escucha
que le claven la bandera.
La guerra no es contra el Pueblo sentado sobre tablones.
¡Basta de mezclar Pepinos, Cuplés y revoluciones!!".
Nunca salío la murga. Cuando le dije a uno del ambiente (DAECPU) lo que íbamos a hacer (una murga batllista) tuvo la decencia de decirme: "Pelado: esta murga no te la compra nadie. Van a venir Los Diablos o Araca y le van a decir al dueño del tablado: - Si suben ellos, nosotros no. Olvidate".
Al tiempo, el Cachete Espert convenció, 38 en mano, al Flaco Esmoris de la conveniencia de no sacar más la BCG, por razones diferentes pero parecidas.
El Carnaval es eso, aunque no debería. Debería ser sólo sátira, crítica, humor, arte. Pero si la sátira y el humor son siempre en contra de los mismos (quien me diga que en un escenario se le da parejo al Frente y a la Oposición es sordo o mentiroso), cuando el arte se pone al servicio de un Partido y no del espectador; peor aún, cuando se practica el insulto (sin importar a quién va dirigido, pero maximizando la responsabilidad de las autoridades municipales que, en tanto de todos los ciudadanos DEBEN velar por el respeto a todos y el nivel de los espectáculos que patrocina) es hora de decir basta. Y en eso estoy.
Basta de patoterismo con pintura y brillantina, basta de murgas amigas del, funcionales al (y subvencionadas por el) Gobierno; y, lógicamente, enemigas de la mitad del Pueblo.
Quiero a Pepino dirigiendo la murga, no al Pepe. En el tablado, digo. A la otra no hay quien la dirija.

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