martes, 28 de enero de 2014

Balance


No hago balances: eso es cosa de Contadores; y yo lo único que tengo de eso son los cuentos.

No deseo buenas cosas, porque no sé qué es bueno para cada uno ni qué sentido tiene que lo desee, como si mi pequeña intención fuera a modificar la decisión fatal del Destino, de Dios o del Azar universal; y hacerlo para quedar bien, ya saben que no es mi estilo.

¿Para qué me siento a escribir, pues? Por dos razones: tengo algo para decir y necesito un regalo.

No he tenido mucho tiempo para reflexionar, pero escuché en la radio algunas cosas que me hicieron dar cuenta de cuánto he cambiado. Alguien, muy bien conceptuado en el mundillo literario y de la Comunicación, se devanaba los sesos preguntándose "¿... qué carajo festeja la gente un 31 de diciembre..."; para internarse luego en oscuras disquisiciones acerca de la inconsciencia del vulgo, del no darse cuenta que el paso del tiempo sólo es certeza de que el fin está más cerca y ...

El Periodista daba valor a aquellos regurgitos, y las llamaba "filosofía". Dejé de escuchar, no fuera cosa que el promitente suicida este terminara afirmando que aquello es cosa de celebrar y le diera la razón a sus vituperados vulgares.

No puedo ser duro, porque estuve ahí, en ese negro, cálido e insondable agujero, en esa cómoda y dolorosa matriz deprimente de la Lógica pura sin Alma, Espíritu ni Dios; lo cual no sería tan grave si no fuera por las ataduras a ciertos dogmas, como que hay que tener razones para celebrar y que esas son sólo unas pocas: un triunfo, un logro, la muerte de un enemigo...

Sé perfectamente que no hay diferencia real entre un domingo y un jueves, entre el último día de un año y el primero de otro. Sé que quien no nació nacerá, quien no murió morirá; que lo que no se hizo ayer se hará mañana (para quienes tengan tal). Que a un día seguirá otro y que no es cuántos sino cómo se vive lo que importa; o sea que, una vez más, de poco sirve el contar de los Contadores .

Sé todo lo poco que digo y lo mucho que callo. En minutos, empero, voy a encender el fuego ritual, a intentar quemar en él las pocas y pobres tristezas, tribulaciones, dolores, hartazgos, desilusiones; y todo lo (gracias a la Vida poco de) negativo que me anda enredando el alma.

Gota a gota se derretirá la grasa del pobre cordero que ha de expiar mis (ni muchos ni enormes) pecados y penas. Con cada sonora y aromática lágrima, ha de llorar por mí; porque yo estoy celebrando.

¿Qué? La Vida.

La alegría de todo lo mucho que me regala cada mañana, pero eso es fácil. Trato, y cada vez me sale mejor, de celebrar también el dolor. "El dolor de seguir vivo, que es lo bueno que tiene el dolor..." como cantan los gurises.

Ya está.

Ya cumplí mi deseo. Ya dije lo que tenía para decir y ya recibí el regalo de tocar mi corazón, dejar descansar un rato la cabezota esta que Dios me dio; y, con eso, tengo bastante.

Al darme cuenta que tengo otro regalo, sonrío. Estás ahí, leyendo mis bobadas, una vez más. Gracias por él.

Andá a abrazar a los tuyos. Si no tenés a quién abrazar abrazate solo y querete mucho y pronto vas a tener.

Y, si podés, perdoname. Por cualquier cosa que pueda haber dicho o hecho que pudiera lastimarte. (No por molestarte, eso es mi placer  ).

Por eso y porque termine el año dándote órdenes.

Sé feliz!!!

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