lunes, 8 de julio de 2013

De pseudos y nimios

Hace algún tiempo vengo tropezando con la misma piedra, una (bastante común en estos tiempos)  con forma de idiota que se niega a debatir argumentando que uso un seudónimo. 



No da para mucho la cosa pero, harto ya de estar harto, quise reunir los argumentos para tenerlos a mano; ya que, como dice el Eclesiastés, no se puede enderezar lo torcido ni contar lo falto; y los idiotas no se terminan nunca. Avizoro el próximo a la vuelta de la internética esquina y junto piedras en un zaguán.



El primer abordaje es aquel que señala que, en este mundo internético sin Estado ca(da)strante, nadie puede dar fe de su verdadero nombre; lo cual es un detalle nada menor.  


En segundo término, para cualquiera (con medio dedo de frente) es obvia la discapacidad raciocinante que delata afirmar que “quién” dice algo es más importante que “qué” dice. 




Por último, pero no menor: lejos de mí la remota comparación pero, si fuera como los imbéciles sostienen, Krishnamurti, Dalai Lama, Fulcanelli, George Orwell, Carter Dickson, Mark Twain, Woody Allen, Truman Capote,  ,Eduardo Galeano, Juana de Ibarbouru, Gabriela Mistral, Ruben Darío, Pablo Neruda, Francoise Sagan, Fray Luis de Granada, Anatole France, Azorín, Colette, George Sand, Sansón Carrasco, Peloduro, Mónica, Jius, Viterbo, El dios verde, Tinta Brava, Picasso, El Greco, Leonardo y Ghirlandaio, Sting, Prince,Freddy Mercury,  Donna Summer, Lady Gaga y Pink, Dianne Keaton, Nicholas Cage, Martin y Charlie Sheen,  serían unos impostores, e incapaces de arte alguno. 


Igual que yo.