12 de mayo de 2014
Mucho más que la escasa polvareda, que ya cede, la pena tardará en disiparse.
El aullido de la sirena desgarra aún los oídos de la memoria, y allí se quedará, casi seguro, por siempre; junto al sordo desplomarse del muerto y el aplauso imbécil de los que aplauden siempre, sin importar qué ni por qué.
El aullido de la sirena desgarra aún los oídos de la memoria, y allí se quedará, casi seguro, por siempre; junto al sordo desplomarse del muerto y el aplauso imbécil de los que aplauden siempre, sin importar qué ni por qué.
Como quien vuelve de ver quemar una bruja o colgar un preso, regresan alegres y babeantes a su gris cotidiano; mientras él yace, vilmente asesinado.
Cayó el gigante decrépito; no de años, sí de mendaz abandono, de alegre desidia, de irresponsable inacción cotidiana.
Lo derrumbaron, nomás.
Poco y nada de lo que prometieron han cumplido, pero su delirio fundacional, su arrogancia de Señor feudal y su soberbia grandilocuente pudieron más que todo y que todos. Que todo el marco jurídico y que todos los que alzamos nuestra voz ante el prometido atropello. Y así, lo personal, lo político, lo pequeño, lo falso, lo arbitrario, está -nuevamente- por encima de lo jurídico, lo verdadero, lo histórico, lo de todos.
Puede parecer exagerado mi dolor, pero no lo es. Cuesta explicarme por qué, sin más, se borra de un plumazo algo que forma parte del paisaje cultural, deportivo, arquitectónico, valórico y hasta anímico, en el que transcurrió mi vida entera.
Si malo es el hecho, peores son causas y circunstancias.
A fines de 2012 la Intendencia de Montevideo rechazó caprichosamente la única (y excelente) oferta presentada a su llamado a interés por construir y explotar un Complejo deportivo, cultural y Centro de Convenciones, en el Parque Federico Slinger. Con argumentos insostenibles no aceptaron una oferta seria, que proponía la gestión nada menos que por la Feria de Valencia (uno de los mayores y más prestigiosos operadores europeos) cuyo desarrollo no sólo agregaba a la ciudad un enorme y céntrico Espacio Ferial techado (en sustitución del incomodísimo LATU, sino que conservaba intacto y mejorado el emblemático edificio; convertido en escombros y polvo mediático por la iracundia de la Reina del Byte. (*)
Las razones (?) expuestas fueron que la empresa proponía integrar parte del Capital vendiendo acciones en el Mercado, lo cual no fue del gusto del leninista paladar municipal. Las reales están a la vista: a los pocos días, se presentaron las impresentables, agarraditas de la mano; exhibiendo impúdicamente su ilegal e inmoral contubernio.
Pudiendo haber apoyado el emprendimiento privado con una participación accionaria que -sin vulnerar el marco de atribuciones de la empresa- le permitiera tener la exclusiva de la transmisión de cuanto espectáculo o actividad de interés allí sucediera, optaron por la absurda idea de meter de prepo a la Administración Nacional de TELECOMUNICACIONES a construir, equipar y gestionar un emprendimiento completamente ajeno a su giro.
La excusa de que "la generación de imágenes es parte del cometido corporativo" es tan débil que no se puede creer que nadie haya conseguido detenerla. En realidad, da la impresión de que a nadie le interesó: el Frente ha desenfundado, otra vez (y van) su nula veneración (ni respeto siquiera) por el marco jurídico esencial a la República; mientras la Oposición, ora es incapaz, ora cree que la debacle sobrevendrá y que podrá aprovecharla política y electoralmente alguna vez.
El cometido de ANTEL no es otro que el de transmitir las señales producidas por otros. Punto. Final. Finito. Nada más. No es vender tickets, auspiciar espectáculos, exposiciones, actividades deportivas o ser constructor, empresario deportivo ni de espectáculos; mucho menos hacer todo eso para favorecer desembozadamente gestiones calamitosas ni candidaturas emergentes. Sostener lo contrario es lo mismo que decir que el cometido de una empresa de camiones es producir la carga que ha de llevar; lo cual extiende hasta el infinito la jurisdicción de cualquier sociedad (siendo ello imposible en el Estado, que sólo puede hacer lo que se le permite), a la vez de desnudar, desolador, el absurdo argumental.
Y la nave, va. Y decenas de millones de dólares de todos se invertirán en una aventura estatista (más), en tanto hay Comisarías con un solitario Patrullero a disposición, todas las reparticiones públicas y privadas denuncian las condiciones de reclusión de los delincuentes menores y mayores de edad, los docentes se quejan de las condiciones de algunos edificios, hay gente viviendo en la calle, la mugre nos tapa, el tránsito nos asesina y las soluciones a las verdaderas prioridades de la población duermen el sueño de los Justos en el duro suelo al que lo condena la burla de los enfermos de poder.
Ciegos de soberbia, nos han privado de un monumento al Uruguay de los 50’s, el Uruguay ganador, innovador, moderno, pujante… el Uruguay de los rosaditos.
El Decreto nunca publicado reza:
“ - Visto:
Que se nos antoja.
- Considerando:
Que nadie puede o parece querer oponerse de verdad a la ignominia.
- Las Reinas de la Chatarra restante de la Tacita de Plata y de Corazones Tele Comunicados decretan:
a) Destrúyase el Estadio Municipal Héctor Grauert, conocido por todos como El Cilindro.
b) Ocúltese su valor patrimonial, histórico, cultural y todo lo que dice el Pelado.
c) Sustitúyase por un ilegal, inmoral e innecesariamente estatal, cuadrado, de plástico y nada transparente monumento al delirio fundacional frenteamplista y la corrupción de procedimientos (hasta ahora, es la que puedo probar).
d) Comuníquese, publíquese (mucho y a través de la Agencia de Publicidad de los amigos, regalándoles el comisionable 17% correspondiente), archívese.
e) Olvídese”.
Ni nunca, desgraciad@s.
Ni nunca!!!
Ni nunca!!!
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