lunes, 14 de julio de 2014

Vamos bien

2 de junio de 2014

En un extraño Strip tease masivo, nuestros dirigente políticos han sido, por una vez, ellos mismos. Entre anoche y esta mañana, se han mostrado tal cual son.

La segura tranquilidad de LLP, el mimético (y salvador de macanas) silencio característico de Raúl, el dolor sin contención posible del Guapo, la conveniente circunspección de los arrasados por el Tweetverismo pero que conservan cada uno su parcelita, la arrogancia senil del Pastor mentiroso; y el mántrico parloteo de consignas más vistosas que suculentas de Pedro, devenido en su primera (y es deseable que última) pifia al salir a ladrarle (porque pegarle no puede) a la luna que hoy enamora a muchos y preocupa a otros tantos. 

Lo de Pedro hoy es tan humano y comprensible como la digna pataleta del Guapo, sólo que sin la dignidad. 

En estos días me divertí bautizándolo "El Soros del la Política uruguaya". Y lo es: compró a precio de vaca muerta en el campo al Partido que lideró tres veces la construcción y reconstrucción del país, y -con ello- se aseguró un laburo y notoriedad suficientes por el resto de su vida, y dulce para repartir entre amigos y fieles. 

Pero, hincha de cuadro chico al fin, no puede comprender cómo un tipo bien parecido a él (biográficamente hablando) en vez de que un generoso lo acomodara en un Ministerio al que convertir en trampolín a la visibilidad mediática, consiguió primero que buena parte de la crême del Nacionalismo lo apoyara, y luego que la gente lo ungiera Candidato de una fuerza política que (la semana pasada) reunía el doble de la intención de voto que la propia; careciendo -además- del lapidario techo que oprime inexorablemente la votación del Partido (nunca tan) Colorado (ni tan poco) Batllista.

El destaque mayor es, sin embargo, para la geriátrica arrogancia del Pastor Vázquez; al cual la Biología se le nota por fuera y la certeza de haber cometido un error enorme al aceptar, le corroe por dentro. 

Arrogancia en el sentido de soberbia, de altivez y apetito desordenado de ser preferido a otros, de satisfacción y envanecimiento por la contemplación de las propias prendas con menosprecio de los demás.

Tengo bastante memoria y edad, pero no recuerdo un Candidato que humillara de tal modo no sólo a su ocasional (y funcionalísimo) adversario en la Interna; por la vía de ningunearla por debajo de los enemigos (dicho sea de paso a los que, tras insultar a lo largo de toda la Campaña, anoche llamó adversarios). Ni que, Summa Cum Laude del papelón, se dedicara a disparatar de tal modo con un Decálogo promisorio que nadie le pidió (ni entiende) de cosas que distan enormemente de estar entre las prioridades de la enorme mayoría de la población, otras que son hijas del incumplimiento de promesas previas de su propio Partido y, peor, nietas de promesas estampadas con sangre de representatividad democrática en el bendito Programa que aprobó el Congreso.

A esta altura no tengo dudas que Vázquez no quiere ganar las elecciones; porque se la ve venir. Como buen disquierdista, no sabe gobernar sin el absolutismo de la mayoría autómáta. Y elige, antes que ser el Capitán del Titanic socialista del Siglo XXI, la mini debacle de un lustro que sueña  de pesca para él y de recambio y alimento de la ilusión de volver para sus acólitos; mientras los Rosados le hacen frente a las consecuencias de la década irresponsable.

Si es rumbo a eso, ahora sí debo coincidir con Usted, Pastor.

Vamos bien.

No hay comentarios:

Publicar un comentario