Juancito Friedl es un tipo que, dos por tres, me pone a pensar. Iba a decir que me pone la cabeza al revés, pero alguno dirá que ese es su estado habitual (y deberé darle razón). Hace unos días, con su modo tan especial de comunicar oralmente (escribiendo es impactante por su capacidad de sintetizar en profundidad) plantó este garbanzo humedecido en una grieta de mi roca cerebral:
"En noviembre voy a votar a Tabaré".
El hecho de que no hubiéramos llegado a lo de Bruno ni iniciado la ingesta etílica me puso sobre la pista de que aquello era de considerar. Por supuesto, hice lo que hace cualquier niño inteligente: pregunté por qué.
" - Porque así tiene que gobernar la crisis que provocaron y, para mejor, sin mayoría parlamentaria". No me acuerdo si dijo "y así se terminan de hundir", pero -si no lo dijo- debió.
- Pero Juancito... repliqué... ¿cinco años más de esto?
- El problema, Pelado, es que -si no- las papas del fuego las van a tener que sacar los otros y, si no lo consiguen, tendremos instalada la idea de que cuando gobiernan al país le va mal; volverán éstos en 2020 y ...
Mal me acuerdo si dijo "ahí sí que no se van más", pero es lo más probable. Que no se vayan más, digo: con Juan, nunca se sabe. En cualquier caso, como perspectiva, más bien feota ¿no?
Pese a ella y a lo razonable del planteo, hubo algo "allá adentro" que me impidió decirle a Juan que sí, que tenía razón. Momentáneamente, la dejé ir, hablamos de los trescientos temas interesantes que pueblan el desorden de nuestras reuniones y me volví a casa con el asunto atragantado. Lo medité casi dos semanas y aquí estoy; con mi rumen político ya pronto a ser expuesto. (Disculpa el símil, pero es bastante parecido).
Sería mejor poder analizar el asunto con el resultado de Octubre a la vista, pero así no tiene gracia. Voy a decir lo que pienso ahora, así, con el mazo a medio barajar.
No. Ni nunca, Juan.
No se trata de que ya lo voté una vez, creyendo -en mi infantil inocencia- que si la violación era inminente, había que relajarse y -si bien no gozar- votar sí al menos bruto y darle la confianza a la 2121. Esa gilada no me la perdonaré nunca, pero no es por eso. Es porque no puede ser, no se puede premiar esto con un voto, ni aunque sea para hundirlo del todo.
En la actual circunstancia electoral, no tengo ningún empacho en señalar que voy a apoyar a Luis Lacalle Pou, ni en dar algunas de las razones de tal decisión.
La primera, es que -con todo respeto el Dr. Larrañaga no puede ganar -no ya el Ballotage- sino una carrera en la que corra solo, si el premio es la Presidencia de la República. La vida política ha sido muy pródiga con él, (demasiado, diría) y no puede ser que la circunstancia de que los otros Partidos ofrezcan algo aún peor obligue a tanta gente independiente a apoyar lo inapoyable. Y somos esos los que hemos de inclinar la balanza una vez más.
La segunda es que LLP seduce mucho más. No sólo él sino su propuesta; que se parece mucho formalmente a la de la Izquierda original, con la ventaja que da conocer los resortes de la política menuda (y la grande) desde el biberón.
Hay, además, algo que es, tal vez y sin tal vez- su mayor appeal: está en el momento justo de saber hasta dónde le da el cuero y -puesto ante un desafío enorme- no arrugó. Ni parece ser de los que arrugan. Prefirió rodearse bien (y darle lugar a gente que sabe más que él) que ser el mejor de un montón de mediocres, y construyó en tiempo récord una sólida credibilidad.
Si ganan los Blancos en Octubre y Noviembre, va a arder Troya. Salvo que ocurriera algo cuasi milagroso, los fascindicatos (ensoberbecidos al límite por diez años de engorde y mimoseo, desmadrados absolutamente de su cauce natural, que no es otro que velar por los intereses laborales de los trabajadores) estrenarán su Peronismo opositor; y el trancazo será feo.
Es ahí donde no lo veo al Guapo y sí al Petiso. Es demasiado vivo para no aprovechar el magnífico consejo (margarita arrojada al chiquero) de Ferrére a Mujica: "Para derrotar a los Sindicatos, apóyese en la Opinión Pública".
La gente está harta de estos vándalos, de no tener ómnibus por paro sorpresa, de gurises sin clase, de exigencia de prebendas que nadie tiene en la actividad privada para dejar contentos a los Públicos, de uso y abuso de un Derecho jamás reglamentado y de una prepotencia antidemocrática a la que no tienen derecho; además de estar en contra visceralmente del odio de Clase que rezuma la dirigencia de la CNT (vamos a dejarnos de joder con el PIT, que no cambió nada del Sindicato que instrumentó el Partido Comunista a partir de su Congreso allá por fines de los 50'). Y si ve que -pese o a causa de la derrota electoral y contradiciendo la mayoría electoral a favor- le hacen la vida imposible al joven Presidente, lo van a apoyar sin dudar. Blancos, Colorados y Frentistas decentes, inteligentes e independientes, que los hay y muchos. El Guapo va a querer negociar, conversar, convencerlos; y va a terminar con una administración anodina más, que es lo que menos necesita el país.
Hace ya tiempo que me pregunto quién será nuestra Margaret Thatcher, porque -a mi ver- las circunstancias apuntan a que necesitaremos una personalidad así para volver a poner al Tero de pie, como ella puso al León, postrado por el Laborismo (que es el Socialismo Democrático donde no se animan a llamarlo así).
Yo ya no puedo más con esta inanidad y quiero poder gritar que se acabó el país del empate. Quiero saber que, finalmente, vamos para algún lado; que es mucho más -no de lo que me han prometido la manga de mentirosos que hace nueve años desgobiernan el país- sino de lo que han hecho con mayoría propia y un océano de recursos llovidos del Cielo.
Por eso, Juancito, no. Niet. Nein. Nones. De jeito nenhum. Nunca más un voto al Pastor Mentiroso; ni para hundirlo. No sea cosa que -fiel a la materia de que está hecho- vuelva a flotar; y nos perpetre una tras otra engendros como la Anulación, la Interpetación, el Veto, la Ley de Medios... deje a Bonomi en Interior, ponga a la voraz Carolina Cosse en Industria (justo cuando hay que negociar con Aratiri), y puede hasta que -en un rapto de ausencia de su creciente senilidad- recuerde aquello de que hay cosas que no se pueden dejar en manos de la gente y le vuelva el estalinista visceral que es. Además, se puede morir; y no quiero siquiera imaginar este pobre país en manos de Sendic.
Por todo eso: ¡Vamo' arriba Luisito!
Go Tories!!
Go Tories!!
Y corran, perros!!!

No hay comentarios:
Publicar un comentario